Nos empeñamos en cercar el paisaje, como si se fuera a escapar.
Casi sin darnos cuenta desaparecen las última cabinas de teléfono. Están durando más los buzones de correo tradicional. ¡Quién nos lo iba a decir!
Y no querer ver lo que está pasando ahí afuera.
Y, al amanecer, la luna cedió ante el empuje de la mañana